La serotonina es una de las sustancias químicas más conocidas del cuerpo humano. A menudo denominada el neurotransmisor del «bienestar», la serotonina se asocia con el estado de ánimo, pero su función va mucho más allá del bienestar emocional. Ayuda a regular la digestión, el sueño, el dolor, el funcionamiento de los vasos sanguíneos y muchos otros procesos en todo el cuerpo. El sistema de la serotonina es, además, extraordinariamente complejo. La forma en que la serotonina se produce, se degrada, se transporta y es recibida por las células puede influir en todo, desde la migraña y la función gastrointestinal hasta los efectos de los antidepresivos y los psicodélicos. A continuación, te presentamos 11 datos sorprendentes sobre la serotonina que revelan lo fascinante —y complicada— que es en realidad.
1. La serotonina se produce mediante un proceso bioquímico de dos pasos.
Tu cuerpo no produce serotonina simplemente de la nada. La crea a través de una vía bioquímica cuidadosamente regulada que comienza con el triptófano, un aminoácido esencial que se obtiene de los alimentos.
En primer lugar, la enzima triptófano hidroxilasa (TPH) convierte el triptófano en 5-hidroxitriptófano (5-HTP). A continuación, otra enzima, la descarboxilasa de aminoácidos L aromáticos (AADC), convierte el 5-HTP en serotonina, también conocida como 5-hidroxitriptamina (5-HT).
De forma simplificada: Triptófano → 5-HTP → Serotonina
El primer paso es especialmente importante, ya que la triptófano hidroxilasa ayuda a regular la velocidad de producción de serotonina. Existen diferentes formas de esta enzima que actúan en distintas partes del cuerpo, como el cerebro y el tracto gastrointestinal. Por lo tanto, cuando hablamos de la producción de serotonina, nos referimos en realidad a un sofisticado proceso enzimático que tiene lugar en todo el cuerpo.
2. La serotonina se degrada principalmente mediante la MAO-A.
Una vez que la serotonina ha cumplido sus funciones de señalización, el organismo necesita desactivarla y eliminarla. Una de las enzimas más importantes que intervienen en este proceso es la monoaminooxidasa A (MAO-A). La MAO-A metaboliza la serotonina mediante una serie de reacciones químicas, produciendo en última instancia ácido 5-hidroxiindolacético (5-HIAA), uno de los principales metabolitos de la serotonina. El 5-HIAA puede eliminarse posteriormente a través de la orina.
Este proceso es importante porque los niveles de serotonina no vienen determinados únicamente por la cantidad de serotonina que produce el organismo. También dependen de la cantidad que se libera, se transporta, se reabsorbe en las células y se metaboliza. En otras palabras, la serotonina se regula continuamente, en lugar de simplemente acumularse en el organismo.
3. Los análisis de sangre y orina no indican cuánta serotonina hay en el cerebro.
Podría parecer lógico que un análisis de sangre para detectar serotonina revelara cuánta serotonina hay disponible en el cerebro. Por desgracia, no funciona así. El cuerpo cuenta con dos sistemas de serotonina distintos: el central (cerebro y sistema nervioso central) y el periférico (resto del cuerpo). La serotonina producida fuera del cerebro no atraviesa simplemente la barrera hematoencefálica para entrar en el cerebro.
Las mediciones de serotonina en sangre u orina pueden resultar útiles para determinados fines médicos, especialmente cuando los médicos evalúan tumores productores de serotonina. El 5-HIAA en orina, por ejemplo, es una prueba consolidada que se utiliza en la evaluación del síndrome carcinoide. Sin embargo, estas mediciones no deben interpretarse como una medida directa de la actividad de la serotonina en el cerebro. Esta es una distinción importante a la hora de abordar las afirmaciones sobre tener «bajos niveles de serotonina».
4. Algunos antidepresivos comunes actúan modificando la señalización de la serotonina.
Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) se encuentran entre los medicamentos más conocidos que afectan al sistema serotoninérgico. Entre ellos se encuentran la fluoxetina, la sertralina, el escitalopram y el citalopram. Los ISRS bloquean el transportador de serotonina (SERT), que normalmente elimina la serotonina del espacio entre las células nerviosas. Al inhibir este proceso de recaptación, los ISRS aumentan la señalización de la serotonina en la sinapsis.
Otra clase de antidepresivos, los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (IRSN), afecta tanto a los transportadores de serotonina como a los de norepinefrina. Sin embargo, esto no significa que la depresión se deba simplemente a un «bajo nivel de serotonina». Las investigaciones actuales reconocen que la depresión y otros trastornos psiquiátricos son afecciones complejas en las que intervienen múltiples neurotransmisores, circuitos cerebrales, factores genéticos, factores ambientales y otros procesos biológicos.
5. Algunos medicamentos aumentan la serotonina al ralentizar su degradación.
Los ISRS no son los únicos medicamentos que afectan a la serotonina. Los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) actúan de forma diferente, inhibiendo las enzimas responsables de la degradación de los neurotransmisores monoaminérgicos, incluida la serotonina. Al ralentizar el metabolismo de la serotonina, los IMAO pueden aumentar la disponibilidad de serotonina, así como de otros neurotransmisores como la norepinefrina y la dopamina.
Los IMAO pueden ser medicamentos eficaces, pero requieren un manejo cuidadoso, ya que pueden interactuar con determinados fármacos y, dependiendo del tipo de IMAO, con fuentes alimentarias de tiramina. Un exceso de tiramina en un contexto de inhibición de la MAO puede provocar un aumento potencialmente peligroso de la presión arterial. Los IMAO también pueden interactuar con otros fármacos serotoninérgicos, lo que podría provocar el síndrome serotoninérgico, una afección potencialmente grave causada por una actividad serotoninérgica excesiva.
6. La serotonina interviene tanto en la biología de la migraña como en su tratamiento.
La serotonina mantiene una relación intrigante con la migraña. Una clase de medicamentos para la migraña denominados triptanos actúa sobre receptores específicos de serotonina, en particular los receptores 5-HT1B y 5-HT1D. Fármacos como el sumatriptán y el rizatriptán se utilizan para tratar las crisis agudas de migraña. Los triptanos actúan, en parte, activando los receptores de serotonina implicados en los vasos sanguíneos y en el sistema del dolor del trigémino. Pueden reducir la señalización asociada al dolor de la migraña e inhibir la liberación de ciertos neuropéptidos.
La explicación más antigua de las migrañas se centraba principalmente en la constricción de los vasos sanguíneos craneales, pero los científicos ahora entienden la migraña como un proceso neurológico mucho más complejo en el que intervienen nervios, vasos sanguíneos y señales inflamatorias. Una vez más, la serotonina demuestra que sus efectos dependen en gran medida de qué receptor se active y de dónde se encuentre dicho receptor.
7. Los psicodélicos clásicos actúan sobre el sistema serotoninérgico.
El sistema serotoninérgico también es fundamental para los efectos de los psicodélicos clásicos, como la psilocibina y el LSD. Estas sustancias interactúan con varios receptores de serotonina, pero se considera que la activación del receptor 5-HT2A es un mecanismo clave que subyace a sus característicos cambios en la percepción, la cognición y la conciencia.
Es importante destacar que los psicodélicos no se limitan a aumentar la serotonina. Su mecanismo es diferente al de los ISRS. En lugar de bloquear principalmente la recaptación de serotonina, los psicodélicos clásicos interactúan directamente con receptores de serotonina específicos. Este es un ejemplo llamativo de por qué los niveles de serotonina por sí solos no lo explican todo. El receptor que se activa puede ser tan importante como la cantidad de neurotransmisor presente.
8. Algunos tumores pueden producir serotonina.
Ciertos tumores neuroendocrinos pueden producir y liberar grandes cantidades de serotonina y otras sustancias biológicamente activas. Cuando entra una cantidad excesiva de serotonina en el torrente sanguíneo, puede contribuir al síndrome carcinoide, que puede provocar síntomas como sofocos, diarrea y sibilancias o broncoespasmo. El exceso crónico de serotonina también puede contribuir a daños en las válvulas cardíacas, lo que se conoce como cardiopatía carcinoide.
Los médicos pueden medir el nivel de 5-HIAA en orina, un metabolito importante de la serotonina, al evaluar un posible síndrome carcinoide. Esto nos recuerda claramente que la serotonina no es exclusivamente una sustancia química del cerebro. Una gran proporción de la serotonina del organismo se encuentra en los tejidos periféricos, especialmente en el tracto gastrointestinal y en las plaquetas.
9. La serotonina desempeña un papel fundamental en el intestino.
La serotonina es una molécula de señalización importante en el sistema digestivo. Unas células intestinales especializadas, llamadas células enterocromafínicas, liberan serotonina en respuesta a estímulos en el interior del intestino. La serotonina ayuda a regular el movimiento intestinal, la secreción y la sensibilidad. Debido a estas funciones, los investigadores han estudiado el papel de la serotonina en el síndrome del intestino irritable (SII). Una alteración de la señalización serotoninérgica podría contribuir a las diferencias en la motilidad intestinal y la sensibilidad visceral en algunas personas con SII.
Los estudios también han identificado diferencias en la actividad relacionada con la serotonina entre los subtipos de SII, incluidos el SII con predominio de estreñimiento y el SII con predominio de diarrea. Esto no significa que el SII sea simplemente un trastorno de la serotonina. Se trata de una afección compleja en la que intervienen interacciones entre el intestino, el sistema nervioso, el sistema inmunitario, el microbioma y otros factores. No obstante, la serotonina es una parte importante de la conexión entre el intestino y el cerebro.
10. La serotonina está asociada a varios trastornos psiquiátricos, pero no lo explica todo.
La serotonina se ha estudiado ampliamente en la depresión, los trastornos de ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), los trastornos alimentarios y otras afecciones psiquiátricas. Las investigaciones han identificado diferencias relacionadas con los receptores de serotonina, los transportadores y los circuitos neuronales en diversos trastornos. Pero estos hallazgos no respaldan la idea simplista de que las enfermedades psiquiátricas se deban a un nivel demasiado bajo de serotonina.
Por ejemplo, los inhibidores de la recaptación de serotonina pueden ser tratamientos eficaces para el TOC, lo que demuestra que la señalización serotoninérgica está implicada. Sin embargo, la biología subyacente del TOC es mucho más compleja que una simple deficiencia de serotonina. Hoy en día, los científicos consideran cada vez más que los trastornos psiquiátricos son afecciones multifactoriales en las que intervienen la genética, los circuitos cerebrales, los neurotransmisores, el estrés, el entorno y otros procesos biológicos.
11. La serotonina tiene siete familias principales de receptores.
Quizás el dato más sorprendente sobre la serotonina es que no existe un único tipo de receptor de serotonina. Los científicos han identificado siete familias principales de receptores: del 5-HT1 al 5-HT7, con múltiples subtipos dentro de varias familias. La mayoría son receptores acoplados a proteínas G (GPCR). La principal excepción es el 5-HT3, que es un canal iónico.
Los diferentes receptores pueden producir efectos muy distintos. Por ejemplo, los receptores 5-HT1A intervienen en la señalización relacionada con el estado de ánimo y la ansiedad. Los receptores 5-HT1B y 5-HT1D son dianas importantes para los medicamentos contra la migraña, mientras que los receptores 5-HT2A desempeñan un papel central en los efectos de los psicodélicos clásicos. Otros receptores de serotonina influyen en la digestión, las náuseas, el apetito, el sueño, la función cardiovascular y otros procesos.
Esta diversidad de receptores es una de las principales razones por las que la serotonina no puede describirse con precisión como una simple «sustancia química del bienestar». Sus efectos dependen de qué receptor active, dónde se encuentre ese receptor y qué otros sistemas de señalización estén activos.
Una visión más amplia: la serotonina es un sistema, no solo una «sustancia química del bienestar»
Estos 11 datos revelan lo compleja que es realmente la serotonina. La serotonina se produce a través de una vía bioquímica cuidadosamente regulada, se descompone mediante enzimas específicas, se transporta por todo el cuerpo y es recibida por numerosos tipos de receptores. Actúa tanto en el cerebro como en los tejidos periféricos, influyendo en todo, desde el estado de ánimo y la percepción hasta la digestión, el dolor y la función cardiovascular. Por eso, la idea popular de que simplemente se tiene un nivel «alto» o «bajo» de serotonina no explica todo el panorama. Una forma más adecuada de entender la serotonina es considerarla parte de una amplia red de señalización interconectada. Y cuanto más aprenden los investigadores sobre esa red, más claro queda que el papel de la serotonina en el cuerpo humano es mucho más fascinante de lo que sugiere su reputación de «sustancia química del bienestar».




